Newsletter 4 - Junio de 2011


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La vida no es lo
que te pasa

b2 "Quien mira hacia afuera, sueña; quien mira hacia adentro, despierta."
Carl Young
Por: María Alexandra Suárez

La vida no es lo que te pasa, es como la tomas…

Tú decides cuántas veces al día ríes, o cuántas veces disfrutas lo que haces, elogias la vida, elogias a las personas que te rodean, incentivas amorosamente a tu entorno a mejorar, das gracias de existir y de compartir tu vida con los seres queridos, cuántas veces les dices que los amas, cuántas veces les tiendes la mano y apoyas.

O tú decides cuántas veces al día gritas, cuántas veces te ofuscas, cuántas veces peleas, cuántas veces reclamas, cuántas veces ofendes, cuántas veces criticas desmedidamente lo que otros hacen o han dejado de hacer, cuántas veces dejas de valorar, cuántas veces arruinas tu felicidad, y por qué no, cuántas veces afectas negativamente a tu entorno.

Si partimos de la primicia que todo lo que pase en nuestra vida es culpa únicamente de nosotros mismos, la vida es más sencilla, porque yo seré el único que decido ser feliz en todo momento, independiente de las circunstancias del entorno, yo decido dar lo mejor de mí, yo decido mantener mi estado de ánimo al 100% y esta es la única manera para que nuestro entorno cambie, y contagiar a los demás de felicidad, dedicación, valoración, comprensión, y así y únicamente de esta manera nada afectará mi felicidad.

Hay personas que se la pasan buscando culpables, hay personas que se la pasan culpando a otros por lo que no sale bien, pero si miramos en detalle nadie ni nada es culpable de lo que nos pasa, solo nosotros somos culpables de cómo asumimos la vida y las diferentes situaciones que se nos presentan.

En un entrono laboral siempre hay culpables, y siempre existe la forma de culpar a otros, a veces una misma persona culpa a todo su entorno por “ineficientes”, y yo me pregunto, ¿será que la comunicación que se tiene con ese entorno “deficiente” es amorosa, comprensiva, dedicada, llena de valor? Generalmente la respuesta es No, la comunicación es agresiva, angustiante, confusa y descalificadora, menoscabando la autoestima de los seres que reciben las “ordenes”. En este orden de ideas, ¿quién genera el caos?

Desde hace mucho tiempo he venido estudiando el desarrollo del capital humano en pro de mejorar la productividad y competitividad de las empresas partiendo de generar mayor bienestar en las vidas personales y profesionales. Para mí se ha hecho imperante demostrar, enseñar y capacitar a todo aquel que desee mejorar su entorno partiendo de la base que solo cada uno es culpable de lo que pase en su propia vida.

He observado tanto en empresas grandes, medianas o pequeñas, que el capital humano no es directamente proporcional con los años de estudio o títulos obtenidos, dado que en muchos casos, desde mandos medios hasta mandos altos existe un déficit de conciencia social y un pésimo manejo de las comunicaciones, generando caos y desarticulaciones en las unidades empresariales, perdiendo cada vez más productividad y competitividad.

Un ejemplo claro y demostrable es cuando un jefe grita a su subalterno y advierte de forma agresiva en qué no se debe equivocar, y este, por temor, y dado a que su estabilidad emocional no le permite desarrollar todas sus capacidades, termina por equivocarse varias veces, y aunque intente hacer su mejor trabajo, su capacidad laboral ya ha sido subestimada, lo que le genera desconfianza en sí mismo que no le va a permitir descubrir con claridad si existe algún error y el cual por consiguiente no va a ser omitido.

Otro caso común en el ambiente laboral es el del miedo al jefe. Muchas veces he visto cómo el personal de una empresa comienza el día tranquilamente solo porque el jefe no está, y cada vez que se acerca la hora de llegada del jefe sube la presión, la angustia, el miedo, siendo casi un colapso la hora de llegada del jefe. Y en el mismo instante que llega hasta que se va, para los empleados termina siendo una pesadilla tenerlo dentro de la oficina.

Algunas situaciones como estas me han hecho pensar que si casi nadie tiene un entorno laboral favorable y siendo la jornada de trabajo de ocho horas, generalmente a luz del día, horas que el único espacio que manejamos es laboral, al llegar la noche e intentar estar en casa con la familia o allegados, las personas están agotadas, desmotivadas, angustiadas, para continuar con una jornada de situaciones familiares, sin tener en ningún minuto del día un espacio para disfrutar la vida con plenitud, volviéndose el trabajo una carga, carga que por necesidad económica en muchas veces es imposible dejar.

Ante esto y bajo la visión de que todos podemos ser felices y desempeñarnos plenamente en el área laboral, he diseñado una metodología para evaluar y diagnosticar la productividad y competitividad de una empresa, y además plantear estrategias para el mejoramiento continuo basado en el incremento de capital humano y social.

Quiero aclarar que dentro de la sociedad la parte humana del capital en la mayoría de las empresas no es considerada, qué tan humano es menoscabar la autoestima y autoconfianza de las personas, o qué tan humano es la destrucción verbal al corregir, o las amenazas implícitas en frases hoscas que solo quieren llamar la atención de una falta en el en el campo laboral. Por consiguiente, dentro de la definición de capital humano considero el desarrollo integral de la persona, es decir tanto sus habilidades y talentos como la parte psicológica y moral. En este sentido la valoración de la persona y su desarrollo integral es parte fundamental del trabajo diario y no se puede dejar de lado, dado que las afecciones a nivel integral implican un resultado cuantificable en el nivel de productividad y competitividad del individuo.

He podido demostrar que en el momento que se deja de lado el capital humano como área de desarrollo integral en una empresa se comienza a generar ineficiencias laborales, que se ven reflejadas en los factores de distracción. Por ejemplo: un empleado que no está a gusto en una empresa, pierde tiempo laboral mirando páginas web de posibles trabajos, chateando, hablando por teléfono de temas no laborales con conocidos, desperdiciando papel y tinta imprimiendo tareas para sus hijos o conocidos, realizando otros trabajos diferentes a los de la empresa, y un sin número de situaciones que generan menores niveles de productividad y competitividad. Adicionalmente estos trabajadores también presentan más resultados ineficientes, inflexibilidad y desconcentración para acatar órdenes.

Este es quizás un sueño y una tarea inverosímil, pero ante los cambios, la globalización, la internacionalización tanto de las economías como de las culturas, no podemos continuar en destrucción de nosotros mismos; tenemos que generar una cultura de cambio y de crecimiento en lo personal para alcanzar lo más deseable y a su vez lo más incierto: LA FELICIDAD.

Hoy es un día en el cual inicio una tarea de cambio permanente, existe un puente entre la felicidad y el mundo real, y ese puente es la decisión de serlo y hacerlo diariamente, independiente del entorno en el que viva.


ACERCA DEL AUTOR

María Alexandra Suárez es Economista con Máster en Comercio Internacional y diplomados en Gerencia de Comercio Internacional y en Riesgo de Mercado. Adicionalmente, se ha formado en ciencias humanísticas como Teología Bíblica, Psicología Transpersonal, Reiki, y PNL. En la actualidad es docente en varias facultades en la Universidad del Rosario, es facilitadora de talleres y gerente en Growth Kapital Know, empresa dedicada al desarrollo humano en organizaciones.


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