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Newsletter 5 - Julio de 2011


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La Inteligencia
Total

b2 "Donde hay una empresa de éxito, alguien tomó
alguna vez una decisión valiente."

Peter Drucker
Por: Santiago Mariño

Mucho se ha hablando acerca de las diferentes inteligencias en el ser humano, desde los postulados de Gardner en los 80, a la inteligencia emocional de Goleman en los 90, etc. Y con estos puntos de partida hemos venido desarrollando y enriqueciendo más conceptos desde entonces, al punto de que hoy en nuestras organizaciones se está adquiriendo consciencia, finalmente, de que existe una clara relación entre los resultados que una persona muestra en su trabajo, y las condiciones internas que esa persona debe tener para poder desarrollar las competencias necesarias para generar dichos resultados.

Este proceso se sustenta en una capacidad que todos tenemos y que se conoce como Inteligencia Espiritual, la cual fue identificada originalmente por Danah Zohar e Ian Marshall también durante los años 90.

La Inteligencia Espiritual en síntesis se refiere a “el conjunto de valores y significados que está detrás de todo lo que hacemos”, o en otras palabras, la razón tras la razón, la fibra que nos toca en el fondo nuestra vida diaria. Entonces, al conjunto de inteligencias racional (IQ), emocional (EQ) y espiritual (SQ), junto a la inteligencia genética (PQ) impresa en nuestro ADN, podríamos referirnos como la Inteligencia Total.

Pero aunque todos tenemos en nosotros estas inteligencias, no todos las tenemos igual de desarrolladas. Particularmente nuestra cultura organizacional occidental, tradicionalmente inclinada hacia la inteligencia racional, ha premiado los resultados obtenidos a través del pensamiento lógico, matemático y concreto, y en la misma medida ha considerado al pensamiento holístico y humanista como algo secundario, pues la vara de medir son los resultados financieros. Lo irónico del asunto, es que al mismo tiempo siempre se les ha exigido a los ejecutivos creatividad en los negocios, pese a que el modelo de pensamiento usado para relacionarse con la organización cohíbe esta inteligencia.

Sin embargo, y afortunadamente, poco a poco va calando la idea de que el ser humano no es solo cuerpo, razón y lógica, sino también emoción, intuición, y Consciencia de sí mismo.

Las organizaciones que han hecho la migración de una visión de sí mismas como un ente productor de riqueza económica exclusivamente, hacia una de un sistema que se forma a partir de la integración de las vidas de quienes forman la empresa, han encontrado una forma de mantenerse vigentes dentro de sus mercados pese al vaivén actual de la economía. Esta vigencia es el resultado de no existir un abismo entre el trabajo y la gente que lo hace, convirtiendo a la organización parte de ella y de esta forma el compromiso con la empresa se vuelve el compromiso consigo mismos. La gente feliz no trabaja, se divierte, y lo que nos divierte lo hacemos mucho mejor que lo que no.

Para lograr este tipo de transformaciones, es necesario que las empresas hagan consciencia de que necesitan líderes que se le midan a superar sus propios miedos, y a estos líderes hay que formarlos. Como bien lo dijo Peter Drucker, “donde hay una empresa de éxito, alguien tomó alguna vez una decisión valiente”. El liderazgo organizacional del futuro inmediato exige adoptar una visión que acepte a la incertidumbre no solo como algo cierto con lo que hay que lidiar, sino que también encuentre el valor en esta a través de la superación del miedo que su sola idea nos produce. Para esto, es necesario que los líderes comiencen por encontrar el valor de la incertidumbre en sus propias vidas, pues no se puede dar lo que no se tiene, y no hay diferencia entre la persona que teme ante su porvenir personal que quien teme tomar una decisión crucial en una organización cuando las circunstancias así lo exigen; no hay diferencia entre el “yo” que vive en mi casa y el “yo” que va a la oficina, cargo el mismo lastre interno donde quiera que “yo” vaya.

Si el líder es líder de sí mismo y en la misma medida se escucha a sí mismo, seguramente adquirirá la energía vital necesaria para tomar la acción de dar pasos en procura de desarrollar esta competencia, y con seguridad encontrará uno o varios profesionales que estén dispuestos a apoyar su proceso. Al fin de cuentas, el convivir con la incertidumbre y aprender a sacar lo mejor de esta no es solo una competencia útil a nivel organizacional sino a nivel de la propia vida.

¿Tienes miedo a desacomodarte? Pero sabes que al final tendrás que hacerlo. La pregunta entonces es: ¿Cómo quieres prepararte para el cambio? ¿Qué estás dispuesto(a) a hacer al respecto?



ACERCA DEL AUTOR

Santiago Mariño está certificado como Coach Ejecutivo y Coach en Inteligencia Espiritual en Organizaciones, y apoya a personas y empresas en sus procesos de cambio interno. Actualmente es director de SantiagoMariño - Inteligencia del Cambio y es consultor asociado en Puentes Al Liderazgo. Para mayor información acerca de sus servicios, por favor haga click aquí.


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