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Newsletter 8 - Octubre de 2011


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¿No tienes nada
qué hacer?

b2 "La vida no es una meta, busca un recorrido. La vida es
un peregrinaje. Disfruta cada momento, porque cada
momento es una meta en sí mismo."

Osho
Por: Santiago Mariño

Una mañana de sábado Jorge se alistaba juiciosamente para el partido que tenía programado con sus compañeros del trabajo, y que iban a jugar en una cancha de fútbol 5 cercana a la oficina. Preparó con cuidado sus guayos, medias, canilleras, maletín, etc. Además, les había armado el programa perfecto a sus hijos (los había mandado a donde los primos) y su mujer había dicho que entonces aprovecharía para ir al salón de belleza.

Todo parecía marchar sobre ruedas, ahora solo era cuestión de que Pedro le timbrara al celular para así Jorge salir a la portería del conjunto e irse con él hacia el lugar del encuentro.

Pasaron cinco eternos minutos antes de que timbrara su celular; Jorge, vestido y preparado, daba vueltas por su apartamento. Finalmente el celular timbró.

“Aló Pedro, quiubo, ya bajo…”
“¡No, no, no, no, espere!”
“¿Qué pasa?”
“Hermano, no puedo ir al partido, mi hija está enferma y me toca llevarla a la clínica. Ya hablé con el resto de la gente y están de acuerdo en que posterguemos el partido hasta el próximo sábado. Qué pena Jorge, discúlpeme pero ni modo, esto es fuerza mayor.”
“Qué vaina hombre Pedro, pero ni modo, primero lo primero. Ojalá su hija se mejore. Chao.”

Y así, el plan de Jorge se vino al piso en cosa de veinte segundos. ¿Qué iba a hacer ahora? Con todo el aparejo listo y sin plan. Sus hijos ya no estaban en la casa y su esposa ya estaba en el salón de belleza… Qué pereza, todo listo y sin programa, solo, y en la televisión pura programación infantil de sábado por la mañana.

Y así, Jorge se vio frente al desasosiego de no tener “nada qué hacer”.

¿Cuántas veces nos hemos visto nosotros en situaciones parecidas a la de Jorge? ¿Cuántas veces nos hemos visto sin programa y con la angustia mental de no tener con qué llenar el vacío de tiempo?

Esto nos sucede porque estamos acostumbrados a vivir fuera del presente, siempre bajo la expectativa de lo que viene a continuación. En la mañana nos despertamos, y ya sabemos que lo que viene es levantarse, y al hacerlo, ya sabemos que lo sigue es ir al baño, y sabemos que una vez allí pasaremos por el inodoro y luego la ducha, luego a vestirse, desayunar, lavarse los dientes, recoger los “útiles de oficina” y salir hacia allá en el medio que sea que usemos para transportarnos. Una vez en la oficina comenzaremos nuestra rutina mañanera, a medio día almorzaremos, volveremos luego al trabajo y al final del día regresaremos a casa probablemente, a seguir la rutina nocturna.

La mente siempre está fuera del presente, siempre tenemos nuestra atención puesta en aquello que viene a continuación, nunca estamos conectados con nosotros mismos… creemos que somos nuestra mente y su ruido, sus expectativas. La mente usa las pequeñas expectativas para darle sentido a la vida a cada momento.

¿Pero qué pasa cuando por alguna circunstancia, como a Jorge, se nos daña el “plan”?

La mente se angustia, de repente se queda sin “por qué vivir”, es urgente hallar algo en qué perdernos, lo que sea (casi siempre lo primero es la tv), pero también funciona el trago, música, cualquier cosa que llene el vacío que sentimos.

Ese vacío es nuestro vacío interior, aquel del cual huimos a todo momento, aquel ante el cual sentimos un miedo inmisericorde cuando lo vemos de frente, aquel que nos genera la resistencia en un proceso de interiorización con un coach. Y así, la vida se nos pasa llenando cada momento con pequeños significados extraídos de las cosas externas a nosotros, creemos que nos define nuestro status social, nuestra familia, nuestro estado civil, nuestro dinero, nuestra profesión, nuestra pareja, en fin, cualquier cosa externa a nosotros. Rara vez, muy rara vez, miramos hacia nuestro interior.

Lo irónico del asunto, es que esa felicidad que buscamos a toda costa a través de significados externos efímeros en fila uno tras otro, se halla realmente y de manera permanente en nuestro interior, y sin necesidad de nada más.

¿Pero, cómo hacemos para interiorizar? (La mente siempre pide el método…) No hay un método como tal, pero sí hay herramientas que nos pueden ayudar. La primera de ellas es una pregunta simple y poderosa, que les regalo acá:

Quién eres tú: ¿el que piensa? ¿o el que SE DA CUENTA que piensa?



ACERCA DEL AUTOR

Santiago Mariño está certificado como Coach Ejecutivo y Coach en Inteligencia Espiritual en Organizaciones, y apoya a personas y empresas en sus procesos de cambio interno. Actualmente es director de SantiagoMariño - Inteligencia del Cambio y es consultor asociado en Puentes Al Liderazgo. Para mayor información acerca de sus servicios, por favor haga click aquí.


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