Al igual que el coaching, el mentoring es también una técnica de conversación especializada, pero a diferencia del primero, en el mentoring el facilitador puede incluir en la conversación referencias a su propia experiencia personal, es decir, actuar como mentor de su cliente.

El mentoring es especialmente útil para trabajo con ejecutivos, pues aunque no favorece una interiorización tan profunda como la que se logra con el coaching, sí permite ver resultados en menos tiempo. Esto es especialmente importante pues en procesos organizacionales es muy común encontrar que el cliente entra al proceso por sugerencia del departamento de RH y no tanto por iniciativa propia. Esta situación plantea, desde el inicio, una diferencia fundamental con quien llega por iniciativa propia a un proceso, y es que la motivación no es igual de fuerte y por ende su disposición para interiorizar tampoco lo es. No obstante, sí espera resultados relativamente rápidos, lo que es una mentalidad muy común en ejecutivos. El mentoring, al permitir que el facilitador intervenga con su propia experiencia, acelera el análisis y permite ver resultados más rápido.

En determinadas situaciones es posible también usar mentoring para trabajo personal o de vida.

En cualquier caso, es importante aclarar que el mentoring no es una consultoría. El mentor apoya al cliente con intervenciones que buscan ayudarle en los hallazgos, pero no le da las respuestas, solo lo ayuda a desbloquear.