Tanto el coaching como el mentoring son metodologías que dan buenos resultados, y el uso de una o de otra dependerá del cliente, por lo que en realidad no hay ninguna mejor que la otra.

El coaching ofrece un espacio para lograr una interiorización profunda, lo que llevará al cliente a encontrar respuestas por sí mismo y a hacerse totalmente responsable de sus resultados. No obstante, el proceso de interiorización normalmente requiere de cierto tiempo, y este puede variar según la disposición del cliente para interiorizar. Si el cliente entra en un proceso de coaching y no ve resultados pronto, puede sentir que el proceso no tiene valor o bien sentirse frustrado y perder motivación. No obstante, los hallazgos que el cliente hace a través del proceso tendrán un mayor impacto emocional al sentirse totalmente propios, pues el coach no intervendrá con sus propios sesgos u opiniones.

Por otra parte, el mentoring, al permitir que el facilitador intervenga parcialmente, le permite al cliente llegar a respuestas más rápidamente, pero no tendrá un impacto emocional tan alto como con el cooaching pues en el mentoring los hallazgos habrán sido en parte ayudados por el facilitador. Sin embargo, el cliente habrá logrado respuestas más rápido y se ha evitado gran parte de la frustración que proviene del buscar y no encontrar, entre otras cosas porque esta frustración va en contra del sentido del valor percibido en el proceso y puede interrumpirlo y anularlo. Esto es muy frecuente en procesos organizacionales liderados por los departamentos de Recursos Humanos, en donde los clientes individuales llegan al proceso por sugerencia de la organización y no por motivación propia.

Así pues, dependerá del cliente y de su disposición para interiorizar lo que defina el camino a seguir.